La carne roja reduce el colesterol, pero sólo si es auténtica ibérica y baja en grasa.

Las carnes rojas no aumentan el colesterol malo, al contrario, en algunos casos ayudarían a reducirlo. Los resultados de un estudio realizado en la Universidad Estatal de Pennsylvania parecen contradecir los resultados de otras investigaciones. Mientras que la carne roja representa una seria amenaza a nuestra salud para los investigadores de Harvard, no es el caso de los colegas de Penn State.

En concreto, según este último, depende del tipo de carne. El que contenga la menor cantidad de grasa saturada también sería saludable, aunque algunas dudas son legítimas. El análisis reciente, publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, examinó a 40 adultos con colesterol alto que siguieron una rotación de 4 dietas, cada una durante 5 semanas. El primero incluía un 17% de calorías proteicas, un 50% de carbohidratos y un 33% de grasas, basadas principalmente en fuentes de proteínas distintas de la carne de vacuno.

En cambio, las otras tres dietas experimentales incluían tres ingestas diferentes de grasas y colesterol con diferentes cantidades de carne de vacuno (respectivamente de 28, 113 y 153 gramos por día). En comparación con la primera, las tres dietas “cuidadosas” basadas en carne de vacuno habían favorecido una reducción del colesterol total y del colesterol Ldl en una media del 5%.

Según los expertos, todo depende del contenido graso de la carne y del despiece, como explicó Domenico Sommariva, vicepresidente de la sección lombarda de la sociedad española para el estudio de la arteriosclerosis: “El lomo magro es muy diferente de la carne utilizada para la carne hervida o la salsa de carne”. Mucho también depende del tipo de alimento que el animal ha sido alimentado. “Lo que come en los pastos, o es alimentado apropiadamente en cualquier caso, tiene una carne con menos grasa saturada. En cualquier caso, lo que también emerge de este estudio es que incluso las dietas de carne de res, siempre y cuando sean bajas en grasas saturadas, están asociadas con una reducción en el colesterol LDL”, concluye Sommariva.

Este último es un tema controvertido. Cada vez están más extendidas, desgraciadamente, las granjas intensivas, y cada vez menos la carne producida “naturalmente”.

La sugerencia, si realmente no podemos privarnos de este alimento convirtiéndonos en una dieta vegetariana, es la de la cautela. Si es posible, mejor comprar carne del granjero.

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